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Intervención de Manuel Gracia en el Congreso de los Diputados en el debate de toma en consideración de la Reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía





23/05/2006


Quiero que mis primeras palabras sean de reconocimiento y respeto a la soberanía nacional del pueblo español representada en las Cortes Generales. Este acto tiene una profunda significación: el Parlamento de Andalucía, en el ejercicio de la autonomía que le reconoce la Constitución española, viene a proponerle a las Cortes Generales una reforma de su Estatuto de Autonomía, para que, éstas, en el ejercicio de su soberanía lo debatan y aprueben.

Dicho de otra forma: el Parlamento de Andalucía ya ha decidido qué reforma quiere; no es éste ni el lugar ni la oportunidad para resolver lo que ya está democráticamente resuelto en Andalucía. Lo hemos resuelto legal y legítimamente, estableciendo cuál es la voluntad y el interés general de Andalucía; ahora, las Cortes Generales, legítimamente también, decidirán y establecerán la voluntad y el interés general de toda España. Ésa es la lógica del sistema y ésa es su fortaleza.

Me importa dejarlo dicho desde el principio: tengo el honor de dirigirme a Sus Señorías como representante del Parlamento de Andalucía, para defender la Propuesta de Reforma de nuestro Estatuto. En efecto, ésa es la condición bajo la cual estoy aquí, para la que he sido elegido por la Cámara andaluza; y quiero ejercer esa función con dignidad y con lealtad al Parlamento de Andalucía, es decir, con lealtad al pueblo andaluz de quien me siento orgullosamente representante.

Andalucía, como dice el Preámbulo del texto que presentamos, ha forjado una robusta y sólida identidad que le confiere un carácter singular como pueblo, asentado desde épocas milenarias en un ámbito geográfico diferenciado, el valle del Guadalquivir, espacio de encuentro y de diálogo entre civilizaciones diversas. Somos una tierra y una sociedad orgullosa de ser el fruto del sedimento de tantas culturas.

Pero somos además una tierra esforzada y tenaz, con un profundo sentido de la igualdad, que se indigna ante la injusticia y que respeta la condición humana por encima de cualquier diferencia. Somos, en fin, una sociedad que, cada vez que en la historia ha tenido medios, ha marcado caminos y avances en terrenos tan diversos como la ciencia, las artes, la literatura o la tecnología.

No somos ni peores ni mejores, somos, sencillamente, andaluces, gentes de luz, como escribió Antonio Gala.

Andalucía trae hoy ante esta Cámara una propuesta de Reforma de su Estatuto desde la lealtad con el Estado, con España, de la que somos parte inseparable y a cuyo progreso económico y avance social estamos contribuyendo como el que más. Lealtad y cooperación para servir mejor a la ciudadanía, en esas pocas palabras se resume nuestra propuesta.

La Andalucía que hoy les presenta su Reforma estatutaria es la de un empeño sostenido y tenaz por su autonomía: las Juntas Liberalistas, Blas Infante, el proceso de elaboración del Estatuto en la 2ª República, interrumpido abruptamente por el golpe de Estado de 1936, la dictadura, el 4 de diciembre de 1977 (García Caparrós), la Constitución de 1978; éstos son algunos de los hitos importantes en ese empeño.

Pero, Señorías, Sr. Presidente, esa legitimidad acumulada a lo largo de los años, tiene su culminación el 28 de febrero de 1980. El referéndum del 28-F atribuye al proceso autonómico andaluz una singularidad y una identidad propias.

No ha habido en la historia de España otra movilización democráticamente expresada en las urnas a favor de la iniciativa por la autonomía de un territorio como aquella. La carga de legitimidad que el 28-F significa y la posición de Andalucía en la organización territorial del Estado que se derivó de esa fecha son únicas y, por ello, irrenunciables para nuestro pueblo. Por eso nos definimos, como ya lo hicimos en parte hace 25 años, como una nacionalidad histórica; por eso encontramos en el Artículo 2 de la Constitución el reconocimiento de la realidad nacional de Andalucía como nacionalidad: para mantener esa posición, para que nada ni nadie nos haga retroceder de la primera línea que conquistamos aquel 28 de febrero.

Son los que aquel 28 de febrero de 1980 no quisieron o no pudieron entender a Andalucía, los que pretendieron negarnos el derecho a la autonomía plena, los que pretendían un desarrollo asimétrico y discriminatorio del Título VIII de la Constitución, son ellos, en fin, los mismos que ahora se burlan y se asombran de que Andalucía quiera seguir estando en la primera línea entre las CCAA, los que menosprecian al Parlamento de Andalucía con su catastrofismo grandilocuente y sus chistes altaneros.

Son los mismos que ahora se oponen a esta reforma, y lo hacen con los mismos argumentos de entonces, las hemerotecas están llenas de artículos, opiniones y declaraciones para demostrarlo. Pero Andalucía, entonces como ahora, consiguió que su movilización democrática sirviera no solo para ella, sino para el desarrollo solidario de todas las CCAA en condiciones de igualdad.

Siempre que en nuestra historia reciente se ha presentado una oportunidad para que Andalucía avance lo hemos tenido que hacer sin la derecha, cuando no contra ella. Pero no nos importa, Señorías, porque hoy tenemos mucha más fuerza democrática que entonces, porque tenemos más legitimidad que entonces, porque hoy tenemos instituciones de autogobierno para expresarnos, porque hoy, como entonces, sabemos que estamos defendiendo el interés general de Andalucía y el de España.

Y es así, porque Andalucía es la mejor demostración del éxito del Estado de las Autonomías; hoy, por sí sola, Andalucía explica el éxito del estado autonómico.

Andalucía ha experimentado en estos últimos 25 años el proceso de modernización y progreso social más profundo de su historia moderna.

Ello ha sido posible por la conjunción de la voluntad de las ciudadanas y ciudadanos de Andalucía con sus instituciones de autogobierno, que han actuado y decidido en función y al servicio del interés general de Andalucía. No partimos de cero, no se trata de hacer tabla rasa. Precisamente, porque nos ha ido bien, porque hemos cambiado Andalucía en estos 25 años, por eso es necesario reformar nuestro Estatuto.

La Andalucía que trae esta Reforma aquí hoy está más allá de los tópicos rancios con que todavía nos ofenden algunos.

Esta Andalucía es en la que radican tres de los cuatro proyectos de investigación con células madre que se realizan en España, es la que se está convirtiendo en el tercer gran polo de la industria Aeronáutica europea, con Hamburgo y Toulouse, es la Andalucía de la única empresa española que cotiza en el Nasdaq, índice tecnológico de la Bolsa de Nueva York. Es la Andalucía de los Parques Tecnológicos de Málaga y de Sevilla, el cual, por cierto, es la primera tecnópolis española en empleo y la segunda en facturación, es la de la agricultura almeriense, la más avanzada y competitiva de Europa que hace un uso racional del agua mientras otros siguen regando a manta, es la de los servicios avanzados a empresas.


Ésta es la Andalucía que viene aplicando políticas de cohesión social para que nadie se quede atrás, la que quiere reconocer como nuevos andaluces a quienes vienen a vivir y trabajar entre nosotros desde otras tierras, la Andalucía que tiene una población más joven en tres puntos que la media española, la Andalucía que entre 1981 y 2005, ha tenido un crecimiento económico 21,7 puntos más que España y 59,8 puntos más que la Zona Euro, la misma en la que el crecimiento del empleo en dicho periodo ha sido 20,1 puntos más que en España y más de cuatro veces superior al de la Zona Euro, haciendo posible que casi uno de cada cinco nuevos empleos es andaluz.

Ésa, Señorías, es la Andalucía que les presenta su Propuesta de Reforma del Estatuto de Autonomía, y para la que pido respeto. Ésa es la Andalucía en cuyo nombre vengo hoy aquí, a la casa de la palabra de todos los españoles, a pedirles que nos pongamos de acuerdo para un nuevo Estatuto de Autonomía para Andalucía, para poder continuar contribuyendo a hacer una España mejor, como hemos venido haciendo en estos últimos 25 años.

Señorías, el proceso que nos trae hasta aquí se inicia en el año 2001: Andalucía fue la primera Comunidad Autónoma en la que se planteó reformar su Estatuto.

No había aparecido en escena ni el llamado Plan Ibarretxe, ni el Tripartito en Cataluña, ni mucho menos el alto el fuego permanente de ETA. El Presidente de la Junta de Andalucía anuncia ya entonces en nuestro Parlamento la conveniencia de la reforma del Estatuto, enmarcada en el proceso de la Segunda Modernización de Andalucía. En diciembre de 2003, el gobierno de la Junta de Andalucía somete a debate del Parlamento las Bases para la reforma del Estatuto. Finalmente, en la campaña de las Elecciones autonómicas de marzo de 2004, el PSOE-A, ganador de las mismas por mayoría absoluta, lleva en su programa electoral el compromiso de reformar el Estatuto.

Estamos, pues, ante el fruto de un proceso de varios años, libremente asumido y libremente transitado, sin tapujos, sin coartadas a nadie, sin complejos, sin más dependencia que la de la propia sociedad andaluza a la que representamos.

Constituido el Gobierno de Andalucía tras las Elecciones, hubiera sido legítimo que éste tomara la iniciativa, o el Grupo Parlamentario que le apoya, pero no fue así, sino que se pone en marcha un proceso muy participativo, muy democrático, escuchando todas las voces de la sociedad civil andaluza.

Luego, una vez que los Grupos de nuestra Cámara presentan un primer documento de Propuestas para la reforma, desde el principio, la actitud del PP fue ambigua y zigzagueante: sus máximos dirigentes hacen declaraciones en las que se afirma que Andalucía necesita cambiar de gobierno y no cambiar el Estatuto, en unas ocasiones se habla de un 90% de acuerdo con los textos que se van elaborando, y en otras de la radical inconstitucionalidad de lo aprobado. Lo cierto – y es una percepción muy compartida en Andalucía – es que el PP nunca quiso la reforma del Estatuto, y toda su estrategia se ha dirigido a retrasar el proceso, a frenarlo, a entorpecerlo.

Esa estrategia no tenía nada que ver con Andalucía, sino con el debate territorial en España, y más concretamente con su posición frente al Estatuto de Cataluña. Eso explica que sus ponentes abandonaran los trabajos de la Ponencia redactora, coincidiendo con la entrada en el Congreso de los Diputados de la Propuesta de Reforma del Estatuto de Cataluña, obedeciendo las consignas dictadas desde aquí.

Desde entonces, los intentos de búsqueda del consenso son reiterados y constantes, pero resultan inútiles, llegándose a la aprobación del Dictamen sobre el borrador de la Proposición de Reforma con los votos que satisfacen los tres quintos requeridos por el Estatuto vigente. Nuestra voluntad de consenso ha sido permanente, y de ello da fe el dato de que a lo largo del proceso se incorporaron más de 150 observaciones o enmiendas de todos los Grupos, de las que la mitad lo eran del PP. Esa voluntad de consenso sigue viva hoy, y se mantendrá en todo el trámite que aún nos falta.

Por eso quiero ofrecer ese consenso de nuevo aquí y ahora, un consenso que permita que todos nos podamos reconocer en el texto final resultante. Esa oferta tiene un único límite: no rebajar la ambición de más autogobierno y de más derechos sociales. Nadie entenderá que quienes más hablan aquí de consenso, de división y de fracaso, voten contra la toma en consideración.

Es sencillamente inexplicable que quien afirma voluntad de consenso, quien dice aspirar a gobernar Andalucía alguna vez, niegue a Andalucía su derecho a que el Estatuto andaluz se debata en las Cortes Generales. Eso es tanto como negar el consenso y negar la Reforma.

Señorías, el texto que sometemos a consideración de esta Cámara tiene un fin último, mejorar la vida de los andaluces y andaluzas.

A ese fin se subordinan tres grandes objetivos: 1-más autogobierno, 2- mejor financiación y más autonomía financiera, 3- más derechos sociales y de ciudadanía. Y todo ello en el marco de la Constitución.

Puedo afirmar con orgullo que ésta es una reforma cargada de ciudadanía y de ambición social, en la que se pueden reconocer decenas de sectores y colectivos sociales de toda Andalucía, centenares de miles de hombres y de mujeres.

La democracia paritaria, el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, la igualdad efectiva entre las mujeres y los hombres, los jóvenes, las diversas formas de familia, los menores, los mayores, las personas con discapacidad, las personas en situación de dependencia, los pacientes, los consumidores, los padres y madres de alumnos, todos ellos, y muchos más, tienen un derecho, una política pública, un compromiso, en suma, en el que comprobar que éste será SU Estatuto.

¿Cómo se puede decir NO a todo esto?.¿Cómo se explica que para ciertas fuerzas políticas ni uno sólo de los artículos que regulaban estas materias mereciera ser apoyado en la tramitación en el Parlamento de Andalucía?.

No cabe sino una explicación: la decisión, tomada de antemano, de no apoyar esta Reforma, diga lo que diga, para poder justificar aquí y ahora el discurso de la división y del fracaso del consenso. Pero el mejor argumento a favor de la propuesta es el propio texto que presentamos, y su mejor defensa es su lectura.

Ésta es una Reforma respetuosa con la Constitución, que ha sido objeto de un Dictamen del Consejo Consultivo de Andalucía, cuyas observaciones fueron recogidas en el trámite correspondiente, y que quiere hacer compatible el interés general del Estado con el innegable derecho de Andalucía a que sus instituciones de autogobierno sean oídas, intervengan, o participen, según los casos, en todo aquello que afecte a su interés general.

Una Reforma que despeja cualquier duda sobre la posibilidad de un desarrollo simétrico del Estado de las Autonomías, y que demuestra que existe un espacio para profundizar en ese modelo de Estado respetando por igual la singularidad y la igualdad de derechos.

Por eso, Señorías, esta Propuesta responde únicamente a nuestra voluntad. El Parlamento de Andalucía ha hecho la Reforma que ha querido, la que consideramos necesaria para Andalucía, para nuestro pueblo: éste es nuestro proyecto, nuestro modelo.

Los andaluces y andaluzas, Señorías, nos sentimos plenamente españoles, sin ambigüedades, de manera directa, franca y cordial; ésta es nuestra casa, nuestro lugar de encuentro y de afectos, el hogar de todas las libertades, por eso venimos aquí confiados en la respuesta de esta Cámara.

La Propuesta de Reforma del Estatuto de autonomía para Andalucía que ponemos a su consideración es una buena propuesta con la que gana Andalucía para que gane toda España. Por eso les pido que la hagan suya, y que voten favorablemente a su toma en consideración.
Muchas gracias.

 



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